Día 2.- Ciudad de Guangzhou
21 de diciembre, 2009
Era tan sólo el
segundo día de viaje y ya había probado gran cantidad de platillos
en la ciudad de Guangzhou. A cada bocado, una nueva experiencia.
Esperaba encontrar un
desayuno estilo occidental en el buffet del hotel donde nos hospedamos, pero
sólo había sopas y guisos con carnes y mariscos. No cabe duda que la cocina
cantonesa es intensa de principio a fin.
Saciada el hambre, la delegación
de Radio Internacional de China (CRI) se dirigió a una de las dos plantas automotrices
que la marca Honda tiene en el país
Durante el recorrido por
las instalaciones llamó mi atención cómo la empresa productora de autos había
elevado su producción en 2009, tanto en su planta de Guangzhou como en la
establecida en la provincia de Hubei, a pesar de la crisis económica que golpeaba
a nivel internacional.
Este aumento en la
producción se debía a la fuerte demanda del mercado automotor nacional, que
llevó a China a superar en ventas a Estados Unidos y colocarse como líder de la
industria mundial en el primer semestre de 2009.
Era tan sólo un reflejo de la fortaleza de la economía china y del poder
de consumo de su creciente clase media y millonaria.
En un paseo por el corporativo
también se nos explicó el proceso de ensamble de un auto, desde cómo unen las
diferentes partes de la carrocería hasta cómo se colocan los cristales y se
reviste el auto con tela, alfombra o piel.
Fui conductora por varios años en la Ciudad de México y nunca me pasó por la cabeza cómo
se fabricaban los autos.
En la planta automotriz de Honda. Foto: Ana Wei |
Tras abandonar la planta otra comilona nos aguardaba en uno de los
mejores restaurantes de la
capital.
Rodeado por un lago y cientos de árboles, aquel lugar era como un
oasis en medio del desierto, pues contrastaba con los gigantes edificios que se
asomaban detrás, como queriendo espiarnos mientras éramos agasajados con nuevos
sabores cantoneses.
Una habitación con vista al
lago, decorada con cortinas y manteles rojos, muebles de madera al estilo
imperial, así como jarrones de cerámica pintados con flores, creaban un cálido
ambiente que invitaba a disfrutar de una de las actividades más placenteras en
la vida: comer.
Antes de abandonar la
ciudad de Guangzhou visitamos las oficinas
locales de Radio Internacional de China, donde se transmiten las noticias en
dialecto cantonés. Nuestros colegas nos recibieron fraternalmente y mostraron
las cabinas de grabación.
Sus instalaciones eran
pequeñas, pero acogedoras porque estaban en medio de un extenso parque, alejadas
del bullicio de la gran urbe.
En los estudios de grabación de la emisora local de Radio Internacional de China. |
Vista panorámica de la ciudad de Guanzhou desde la antena de la emisora local de CRI, a una altura de cien metros. Foto: Gabriela Becerra |
Foto: Ana Wei |
Pie de foto: Vista
panorámica de la ciudad de Guangzhou desde la antena de la emisora local de
Radio Internacional de China, a una altura de cien metros.
Hasta ese momento, la comida había sido la protagonista del viaje. Por
eso, no podía irme de
Guangzhou sin deleitarme nuevamente con su gastronomía.
En un restaurante construido
con bambú, acogedoramente decorado con lámparas a media luz y rodeado de
jardines, inauguramos la velada con una sopa con hierbas medicinales.
Dos platillos de esta cena
dejaron mi paladar marcado: ostiones en su concha aderezados con una salsa dulce,
y unos hojaldres rellenos de verdura y carne. No cabe duda que fue la mejor
despedida que esta ciudad pudo darme.
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